De Neptuno a los baobabs

Los caminos del señor son inescrutables, o eso dicen.

Pero como que un servidor no es ingeniero de caminos, para hablarles de caminos, ni teólogo, para hablarles del Señor, les hablaré de Neptuno (el planeta, no el dios romano) y los baobabs, y entre medio, de más cosas.

Neptuno y los baobabs? Los caminos de las asociaciones de ideas son inescrutables.

Hará unos días meditaba sobre qué escribir en la próxima entrada del blog y de Neptuno pasé a uno de los organismos más longevo sobre la faz de la Tierra y de ahí a los baobabs. Cómo?

Iré por partes, como las integrales:

Idea 1:

El pasado 12 de julio se cumplieron exactamente 164 años, 9 meses y 14 días desde el descubrimiento de Neptuno. Y eso hay que celebrarlo? Ya sé que no son los 100, o 150 o 175 años de su descubrimiento pero Neptuno cumple un año desde que fue descubierto la noche del 23 al 24 de setiembre de 1846, para entendernos, se celebra que Neptuno ha dado su “primera” vuelta completa alrededor del Sol desde que lo descubrieron en setiembre de 1846.

Neptuno, el otro planeta azul, fotografiado por la sonda Voyager 2 (NASA) en 1989

Ya saben, un “año terrestre” (una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol) equivale a 365,25 “días terrestres” y por tanto “un año” neptuniano equivalen a 164 “años terrestres”, 9 “meses terrestres” y 14 “días terrestres”. Yo que acabo de cumplir mi trigésimo séptima vuelta alrededor del Sol, si fuera neptunita, tendría sólo 2,7 meses.

Del descubrimiento de Neptuno podríamos decir que fue el triunfo de las matemáticas. Una vez descubierto Urano por Sir William Herschel un 13 de marzo de 1781, se pudo comprobar que su órbita era perturbada por “algo” más allá de él, otro planeta? A eso se pusieron, independientemente, los matemáticos Urbain Le Verrier, francés, y John Couch Adams, inglés, y tras usar el lenguaje en que está escrito el cosmos (ojo, licencia poética), es decir, las matemáticas, predijeron la existencia de un nuevo planeta más allá de Urano. El francés Le Verrier le dio al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle la posición donde se debería encontrar Neptuno en la esfera celeste y, eureka!, la noche del 23 al 24 de setiembre de 1846, a menos de 1º de la posición que le facilitó Le Verrier, Galle encontró lo que habían predicho los dos matemáticos, un nuevo planeta, más tarde bautizado cómo Neptuno.

Urbain Le Verrier (1811-1877)

No lo olviden, no salgan de casa sin sus matemáticas!

Meditando acerca de edades y años recordé la entrada que leí en el estupendo blog Meridianos sobre el árbol más longevo que se tiene noticia, y de aquí pasamos a la segunda idea.

Idea 2:

En dicha entrada se contaba que en la provincia de Dalarna, Suecia, se había encontrado y datado con la técnica del carbono-14, una pícea noruega con la venerable edad de unos 9.550 años, no está mal, 9.550 vueltas alrededor del Sol. Cabe aclarar que es la parte subterránea del árbol lo que tiene 9.550 años, la parte aérea vive unos 600 años y según va muriendo se va renovando. Eché cuentas y se podría decir que cuando brotó por primera vez la susodicha pícea, en Asia Menor se estaba llevando a cabo la que quizás es la revolución más importante de la historia de la humanidad, el neolítico. Este anciano árbol ha sido un espectador privilegiado de todo tipo de revoluciones, industriales, francesas, rusas etc…

Parte aérea de la pícea de 9.550 años (Foto: Universidad de Umeå)

Continué barruntando y asociando ideas y me pregunté cual era el organismo vivo de mayor edad con el que me había topado. Y de aquí a la tercera idea…

Idea 3:

Lo primero que me vino a la cabeza fueron las secuoyas que vi en el Sequoia National Park (California, EEUU) en el verano de 2007. Según la web del parque algunas secuoyas podrían tener entre mil ochocientos y dos mil setecientos años! Además de su longevidad también destacan por su altura, la secuoya más alta medida, y bautizada cómo Hyperion, llega a los 155,55 metros y se encuentra en el Redwood National Park (California, EEUU). Su ubicación exacta no se ha dado a conocer para evitar que las hordas de turistas le vayamos a dar la tabarra! Mejor así.

Una figura humana (un servidor), empequeñecida por unas gigantescas secuoyas en el Sequoia National Park (agosto 2007, la foto es de mi cuñado Ricard)

Más tarde caí en los baobabs que vi en el 2002 en un remoto camping en Botswana, Planet Baobab se llamaba (que por increíble que parezca tiene página web y hasta lo he encontrado en el Google Earth!), un nombre muy adecuado ya que el camping estaba en medio de la nada botswanesa y allí se juntaban una considerable cantidad de baobabs, una isla de baobabs, un lugar estupendo.

Un baobab (Adansonia digitata) en Botswana (la foto es mía).

Cuenta un leyenda africana que antaño el baobab era un árbol frondoso y muy bello pero que a su vez era un tanto engreído por su portentoso aspecto, vamos, que estaba encantado de conocerse. Un día, se posó en sus ramas un pajarito que parecía que acababa de atravesar un huracán, estaba sucio y desaliñado. El baobab le obligó a ir moviéndose por todas sus ramas para que no le ensuciara ni una de sus hojas. Pero lo que no sabía el orgulloso baobab era que el pájaro había sido enviado por los dioses y que por su falta de piedad con el pajarito castigaron al baobab a hundir su frondosa copa en el suelo, y a mostrar sus feas raíces, vaya, que lo plantaron “del revés”. Pues creo que es precisamente ese aspecto desaliñado y la sensación de “este árbol está plantado del revés” lo que le da al baobab su encanto y atractivo.

Pasando a temas más prosaicos podemos disfrutar de sólo ocho especies de baobab, todas del género Adansonia. Una de ellas vive en el África continental, A. digitata, otra en Australia, A. gregorii, y las seis restantes en la isla de Madagascar. Por tanto los baobabs que vi en Botswana eran A. digitata, y si mal no recuerdo había un cartel delante suyo en el que te indicaba su edad. Si la memoria no me falla había uno que tenía (decían) unos cinco mil años, aunque por lo que me he topado en la red estos días, el baobab más viejo ronda los dos mil años.

Ah, y no os olvidéis cada día de mantener limpio vuestro planeta de semillas de baobabs que lo acabarán infestando, consejo de El Principito!

Un planeta infestado de baobabs. Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry en "Le petit prince".

Y para ir acabando os dejo una interesante charla TED de Rachel Sussman y su proyecto “The world’s oldest living things”, donde nos explica su periplo por el mundo fotografiando los seres vivos de mayor edad (está en inglés pero hay la traducción al castellano en la columna de la derecha en “Interactive transcript”, donde sólo hay que escoger el idioma). También tiene un blog acerca de su proyecto: oltw.blogspot.com.

Feliz otoño a todo el mundo!

PD: Me podéis seguir en twitter en @B612_murzuq, y si queréis podéis compartir esta entrada en Facebook, Twitter y Google+ mediante el botón “Share this” que acabo de incorporar al final de la entrada. Por el momento he sido incapaz de instalar el botón para compartir en meneame! Alguna sugerencia?

6 Respuestas a “De Neptuno a los baobabs

  1. Ma mola!!!! Sequoias, babobabs,… no està mal!!!

  2. Me ha gustado mucho, Murzug. La leyenda del baobab parece judeocristiana, de tan mala leche, pero está claro, como dicen los italianos, que “tutto il mondo è paese”. O sea, que ser pretencioso y poco sensible es motivo de castigo por los Dioses de cualquier parte.

    Bess

    • I tant, els déus són cabrons a tot arreu però a vegades amb raó! Gràcies pel comentari! Cada cop que algú comenta al meu blog una llavor de baobab germina… ara m’he posat cursi…🙂

      Salut!

  3. Yo también estoy descubriendo tu blog ahora. Esta entrada me ha gustado mucho, por lo sorprendente de cuál es el árbol más longevo (aparentemente humilde) y porque yo también me quedé emocionado con los baobabs, aunque en mi caso, en Madagascar. Estupendas fotos.

    • Gracias por comentar!
      Qué envidia me das con lo de Madagascar, debe ser tremendo y para un biólogo todavía más! Pendiente está en la lista de países a visitar (la lista es interminable).
      Salud!

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