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La vida abismal de los xenofioforeos

“Cuando miras largo tiempo a un abismo,
el abismo también mira dentro de ti”
Friedrich Nietzsche (1844-1900)

Cuántos Homo sapiens han pisado la Luna? Doce: Neil Armstrong, “Buzz” Aldrin, Charles Conrad, Alan Bean (sí, Mr. Bean llegó a la Luna… no he podido resistirme…), Alan Shepard, Edgar Mitchell, David Scott, James Irwin, John Young, Charles Duke, Eugene Cernan y Harrison Schmitt.

Cuántos Homo sapiens han hollado la cima del Everest? Unos 3.200: Edmund Hillary, Tenzing Norgay y otros tres mil y pico más, entre ellos Erik Weihenmayer (EEUU), la primera persona ciega en hacer cima en 2001, Junko Tabei (Japón), primera mujer (1975), Dale Abenojar, primer filipino en lograr cima (2006) o Jordan Romero (EEUU) que con 13 años 10 meses y 10 días, en 2010, es hasta el momento el más joven en hollar el Everest. No tengo noticia de que ningún perro haya subido al Everest, pero tiempo al tiempo.

Tenzing Norgay en la cima del Everest por primera vez (29 de mayo de 1953). Foto: Edmund Hillary

Cuántos Homo sapiens han llegado a la sima más profunda de los océanos terrestres? Dos (sólo dos?!?!), Jacques Piccard (Suiza) y Don Walsh (EEUU) allí por el lejano 23 de enero de 1960 a bordo del batiscafo Trieste cuando viajaron a casi 11 kilómetros de la superfície del mar en la sima Challenger situada en la fosa de las Marianas (Océano Pacífico).

Tal y como anuncié en la primera entrada del año el cambio de rumbo nos lleva de las profundidades del cosmos a la profundidades marinas, del hostil (y maravilloso) espacio exterior al hostil fondo de los océanos.

Y porqué al fondo de los océanos? Para contaros cómo se gesta una entrada del Espolón e ilustraros acerca de los xenofioforeos! Xenoqué?

XE-NO-FIO-FO-RE-OS

Twitter y los xenofioforeos

Ramoneando estas vacaciones navideñas por twitter, me topé con un tweet en @earthskyscience en donde enlazaban con un vídeo de la National Geographic Society y la Scripps Institution of Oceanography. El vídeo, de apenas 45 segundos, fue grabado a unos diez mil metros de profundidad en la sima Sirena (fosa de las Marianas) y en él se ven unos organismos llamados “xenophyophores” (y una medusa chupando cámara): uno nunca sabe lo que se puede encontrar en la jungla de twitter!

Al toparme con los “xenophyophores” saltaron las alarmas! Y qué co** serán los “xenophyophores”? Al acto me enamoré de ellos y tuiteé lo siguiente: “Mis nuevos ídolos, los xenofioforeos, o cómo vivir a más de 10.000 metros de profundidad”. He aquí la primera fase de la creación de una entrada del blog, encontrarse con algo que te haga saltar las alarmas (o enamorarte) con lo que ilustrar (o torturar) a los entusiastas (o sufridos) lectores.

A partir de aquí empieza la segunda fase, deambular por internet investigando sobre el tema escogido, copiar-pegar los enlaces correspondientes, leer y empezar a agitar les redes neuronales de la memoria a largo plazo para intentar recordar algo relacionado, mucho o poco, con el tema en cuestión y meterle chicha a la entrada.

No necesité agitarlas mucho ya que rápidamente me vino a la memoria la aventura del batiscafo Trieste en la sima Challenger, menuda cosa para retener en la memoria diréis, efectivamente, cada cerebro tiene sus cositas y el mío retiene nombres con una facilidad pasmosa. Pero hay más, inmediatamente recordé que uno de los dos tripulantes del Trieste se apellidaba Piccard ya que su nieto, Bertrand Piccard, en 1999, junto a Brian Jones fueron los primeros en dar la vuelta al mundo en globo. De tal palo tal astilla.

Con la primera y segunda fase superadas paso a la tercera fase, la de maceración o fermentación, como se prefiera. Una vez leído e investigado hay que darle forma a todo lo engullido y formarse un esquema mental de como trasladarlo todo al papel (o la pantalla). Esta fase puede durar días y mientras uno va realizando las tareas diarias de piloto automático, cocinar, andar, ir en metro, ir a comprar, etc… voy dándole vueltas al asunto e incluso lo consulto con la almohada, no hay nada como ir cayendo en un profundo sueño pensando en estrellas de neutrones o calamares colosales, muy saludable y recomendable!

Una vez todo bien macerado ya sólo me queda sumergirme en el abismo de la cuarta fase, la escritura, esta vez acerca de abismos, simas, fosas, batiscafos y xenofioforeos. Tengo que reconocer que esta fase es la más difícil, o la que me cuesta más, normalmente puede durar días, semanas o incluso meses. No sé muy bien el porque pero hay veces que de una sentada escribo una entrada y otras veces puedo pasarme días intentando enlazar dos frases sin éxito. Pues bien, entremos en materia.

Globos y batiscafos: de la estratosfera al abismo

“La exploración es el deporte del científico”
Auguste Piccard (1884-1962)

La família Piccard era, y es, una familia inquieta y emprendedora. Auguste Piccard estudió física y se interesó por los globos aerostáticos para poder estudiar las capas altas de la atmósfera y de paso los rayos cósmicos. En 1931, junto a su asistente Paul Kipfer subió hasta los 15.785 metros en un globo aerostático y en 1932, esta vez junto a Max Cosyns, batió su propio récord llegando a los 16.200 metros donde pudieron contemplar la curvatura de la Tierra. Más tarde se dio cuenta de que la cabina presurizada con la que había subido a la estratosfera se podía usar para la exploración de los océanos, y a eso se puso junto a su hijo Jacques Piccard después de la II Guerra Mundial. De su inventiva surgió el batiscafo, qué gran palabra: del griego βαθύ, profundo y σκάφος, barco: “barcoprofundo”!

Auguste Piccard

Desarrollado y probado con éxito el batiscafo Trieste, la marina de los EEUU se interesó en él para su posible uso en rescate y salvamento submarino. Piccard hijo fue contratado como asesor y tras varias pruebas que impresionaron la marina quisieron comprobar si podía llegar al Fondo del Océano, la sima Challenger, que toma su nombre del barco británico HMS Challenger que la descubrió en 1875.

El batiscafo Trieste. En la esfera inferior es donde sus dos ocupantes bajaron al abismo, el resto era depósito de lastre.

El 23 de enero de 1960, el teniente Don Walsh y Jacques Piccard se embutieron en el pequeño habitáculo del Trieste y pusieron rumbo a lo desconocido. Tras un descenso de casi cinco horas, no sin incidentes, el cristal de uno de los ojos de buey se rajó, pero aguantó, llegaron al Fondo del Océano a unos 10.900 metros de profundidad. Viendo que uno de los cristales se había rajado no se demoraron mucho, unos veinte minutos, y tras ver que había vida en la sima más profunda, un pez plano y una gamba, soltaron lastre y pusieron rumbo a la superfície a la que llegaron sin novedad y tras tres horas y cuarto de ascenso.

Como la misión no era científica no se tomaron fotos ni el Trieste llevaba ningún aparato científico, solo querían comprobar su resistencia, llegó a soportar 1.100 veces la presión que hay en la orilla del mar, y a fe que lo comprobaron!  

J. Piccard (incorporado) y D. Walsh embutidos en el habitáculo del Trieste.

Mientras esto ocurría, Hergé, el dibujante de las aventuras de Tintin, se inspiró en Piccard padre para crear al personaje del Profesor Tornasol. Y como ya he contado, el nieto de Auguste e hijo de Jacques, Bertrand Piccard, en 1999 fue el primero en dar la vuelta al mundo en globo sin escalas tardando 19 días 21 horas y 47 minutos. Menuda familia, de la estratosfera a los abismos oceánicos pasando por el cómic sin despeinarse!

Xenofioforeos en el abismo

El verano pasado la Scripps Institution of Oceanography (SIO) junto a la National Geographic Society (NGS) se fueron a la fosa de las Marianas a probar varios juguetitos nuevos que tenían y también, claro, a hacer un poco de ciencia seria. Entre los juguetes a estrenar estaba la “Dropcam” desarrollada por ingenieros de la NGS, una esfera de cristal rellena de focos, cámaras y cebo para atraer a las criaturas del abismo parecida a una bola de discoteca y capaz de resistir más de tres toneladas por centímetro cuadrado de presión. Su  funcionamiento es insultantemente sencillo, se la suelta en el mar y se graba, así sin más. En uno de sus viajes al abismo llamado Sirena la Dropcam tocó fondo a 10.641 metros y oh sorpresa, o no tanta, encontraron varios ejemplares de xenofioforeos e incluso una medusa que nadaba por allí.  Nunca antes se habían grabado xenofioforeos a tanta profundidad, el anterior récord estaba en 7.500 metros en la fosa de las Nuevas Hébridas, e incluso la medusa que aparece también ostenta el récord en profundidad entre los de su grupo.

Dos ingenieros de la NGS se preparan para lanzar la Dropcam, de pie Graham Wilhelm y tumbado Eric Berkenpas. Foto: Shelbi Randenburg

Vale, muy bien, estupendo, pero qué co… narices son los xenofioforeos?!?!?

Los xenofioforeos son protistas. No me jo…, paciencia, y qué son los protistas?

Los protistas son un grupo de seres vivos creado artificialmente para englobar  organismos que no son ni plantas, ni animales ni hongos. Definir un grupo por su no presencia en otro es un tanto artificial pero es lo que hay. La única característica que comparten los protistas es que son eucariotas, es decir, sus células tienen núcleo que es donde se encierra el material genético. Para el resto de características cada uno es de su madre: tenemos desde algas unicelulares microscópicas como las diatomeas a algas multicelulares que llegan a los 80 metros de longitud, el kelp, pertenecientes a las algas marrones (feófitos), tenemos desde esporozoos como el Plasmodium, parásito que provoca la malaria, hasta los euglenozoos como el Trypanosoma brucei que provoca la enfermedad del sueño que transmite la mosca tse-tse. Los hay que tienen mitocondrias (como nuestras células y las de todos los animales y los hongos) y los hay que tienen cloroplastos, es decir, que son fotosintéticos como las plantas. Como resumen podría decir que los protistas son un grupo polifilético, es decir, que no tienen un ancestro común como las plantas, los animales o los hongos.

Un "bosque" de kelp

Y nuestros amigos donde encajan? Me gusta que me hagáis esta pregunta ya que tras volverme (casi) loco destripando páginas web para saber exactamente donde clasifican a los xenos (permitidme esta familiaridad y así abrevio el nombre), creo, y sólo creo, que he logrado ver la luz. Finalmente me he quedado con la clasificación que he encontrado en la Encyclopedia of Life y en el WoRMS (World Register of Marine Species) en donde los clasifican dentro del filo de los foraminíferos, nosotros los humanos estamos dentro del filo de los cordados, en el subfilo vertebrados y en la clase mamíferos y como éstos, los xenos forman una clase, la de los xenophyophorea.

Varias especies de xenofioforeos. Fotos: Lisa Levin y David Checkley

Los foraminíferos son seres unicelulares, microscópicos (la mayoría, luego volvemos a esta cuestión) que fabrican una concha calcárea a través de la cual emiten unos pseudópodos, como unos tentáculos, para moverse y capturar su alimento. Viven tanto en agua dulce como salada y habitan tanto en la columna de agua (planctónicos) como en el sedimento (bentónicos).

Foraminíferos en "Kuntsformen der Natur" de Ernst Haeckel.

En cambio nuestros xenos son organismos macroscópicos, los vemos a simple vista, pudiendo llegar a medir hasta veinte centímetros.  Y lo más destacado, al menos para mi, es que siguen siendo unicelulares, hasta nuevo descubrimiento son las células individuales más grandes que se han encontrado entre todos los seres vivos, eso sí, tienen varios núcleos donde se guarda su material genético, por tanto, son eucariotas como nosotros.

Descubiertos en 1889 fueron clasificados como esponjas, luego los reclasificaron como amebas gigantes (protozoos), hasta que recientes análisis genéticos parece que los emparentan con los foraminíferos.

Los xenos habitan los fondos abisales, donde pueden llegar a ser muy abundantes, parece que se alimentan emitiendo pseudópodos como las amebas para envolver su alimento. En su día a día abisal mientras comen van secretando una sustancia gelatinosa que junto a sus excrementos van formando unas estructuras que se proyectan desde el suelo marino, de ahí su nombre que en griego significa “formador de cuerpos exteriores”.

Un xenofioforeo en la fosa de las Galápagos (Ecuador)

Estos “cuerpos exteriores” de los xenos proporcionan un hàbitat a otros organismos, pueden ser huéspedes de organismos comensales (el comensalismo es una relación que mantienen dos organismos, uno se beneficia del otro mientras que este otros ni sale perjudicado ni beneficiado) y se ha podido comprobar como en los fondos marinos en los que hay xenos, la biodiversidad es mas alta respecto las zonas que no hay xenos.

Los xenos son de los pocos grupos que viven exclusivamente a grandes profundidades oceánicas y como no podría ser de otra manera están muy bien adaptados a la vida en aguas frías, en completa oscuridad y a enormes presiones. Su descubrimiento a tanta profundidad abre un nuevo frente en el estudio de la biodiversidad, con posibles aplicaciones en biotecnología y de estudio de las adaptaciones a hábitats tan extremos.

A pesar de vivir en su tranquilo, oscuro y frío abismo los xenos, según estudios recientes, pueden acumular grandes concentraciones de metales pesados como el plomo, el mercurio y hasta el uranio, por lo que parece que son organismos que presentan una gran resistencia a estos metales, muy tóxicos y potencialmente mortales para nosotros.

Parece ser que por desgracia no hay ningún organismo que escape a los tentáculos de la implacable actividad humana en la Tierra, ni viviendo en el abismo, qué lástima!

Minutos musicales:

No había duda respecto a los minutos musicales, “Batiscafo Katiuscas” del grupo mallorquín Antònia Font. Cuántas canciones debe haber que hablen de batiscafos? Pocas o muy pocas y esta es ineludible. Sus cuatro primeros versos no pueden definir mejor la tarea de los batiscafos:

“Batiscafo monoplaça (batiscafo monoplaza)
es teu focus a s’abisme (tu foco en el abismo)
de ses aigües insondables (las aguas insondables)
només tu les averigües” (sólo tú las averiguas)

Fuentes:

– Artículos varios de la wikipedia
– Artículos en la Scripps Institution of Oceanography, earthsky.org, physorg.com.
-Para el tema de los protistas me fue muy útil este artículo.
-Y para desentrañar la clasificación de los xenos, esta pàgina y ésta.

De Neptuno a los baobabs

Los caminos del señor son inescrutables, o eso dicen.

Pero como que un servidor no es ingeniero de caminos, para hablarles de caminos, ni teólogo, para hablarles del Señor, les hablaré de Neptuno (el planeta, no el dios romano) y los baobabs, y entre medio, de más cosas.

Neptuno y los baobabs? Los caminos de las asociaciones de ideas son inescrutables.

Hará unos días meditaba sobre qué escribir en la próxima entrada del blog y de Neptuno pasé a uno de los organismos más longevo sobre la faz de la Tierra y de ahí a los baobabs. Cómo?

Iré por partes, como las integrales:

Idea 1:

El pasado 12 de julio se cumplieron exactamente 164 años, 9 meses y 14 días desde el descubrimiento de Neptuno. Y eso hay que celebrarlo? Ya sé que no son los 100, o 150 o 175 años de su descubrimiento pero Neptuno cumple un año desde que fue descubierto la noche del 23 al 24 de setiembre de 1846, para entendernos, se celebra que Neptuno ha dado su “primera” vuelta completa alrededor del Sol desde que lo descubrieron en setiembre de 1846.

Neptuno, el otro planeta azul, fotografiado por la sonda Voyager 2 (NASA) en 1989

Ya saben, un “año terrestre” (una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol) equivale a 365,25 “días terrestres” y por tanto “un año” neptuniano equivalen a 164 “años terrestres”, 9 “meses terrestres” y 14 “días terrestres”. Yo que acabo de cumplir mi trigésimo séptima vuelta alrededor del Sol, si fuera neptunita, tendría sólo 2,7 meses.

Del descubrimiento de Neptuno podríamos decir que fue el triunfo de las matemáticas. Una vez descubierto Urano por Sir William Herschel un 13 de marzo de 1781, se pudo comprobar que su órbita era perturbada por “algo” más allá de él, otro planeta? A eso se pusieron, independientemente, los matemáticos Urbain Le Verrier, francés, y John Couch Adams, inglés, y tras usar el lenguaje en que está escrito el cosmos (ojo, licencia poética), es decir, las matemáticas, predijeron la existencia de un nuevo planeta más allá de Urano. El francés Le Verrier le dio al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle la posición donde se debería encontrar Neptuno en la esfera celeste y, eureka!, la noche del 23 al 24 de setiembre de 1846, a menos de 1º de la posición que le facilitó Le Verrier, Galle encontró lo que habían predicho los dos matemáticos, un nuevo planeta, más tarde bautizado cómo Neptuno.

Urbain Le Verrier (1811-1877)

No lo olviden, no salgan de casa sin sus matemáticas!

Meditando acerca de edades y años recordé la entrada que leí en el estupendo blog Meridianos sobre el árbol más longevo que se tiene noticia, y de aquí pasamos a la segunda idea.

Idea 2:

En dicha entrada se contaba que en la provincia de Dalarna, Suecia, se había encontrado y datado con la técnica del carbono-14, una pícea noruega con la venerable edad de unos 9.550 años, no está mal, 9.550 vueltas alrededor del Sol. Cabe aclarar que es la parte subterránea del árbol lo que tiene 9.550 años, la parte aérea vive unos 600 años y según va muriendo se va renovando. Eché cuentas y se podría decir que cuando brotó por primera vez la susodicha pícea, en Asia Menor se estaba llevando a cabo la que quizás es la revolución más importante de la historia de la humanidad, el neolítico. Este anciano árbol ha sido un espectador privilegiado de todo tipo de revoluciones, industriales, francesas, rusas etc…

Parte aérea de la pícea de 9.550 años (Foto: Universidad de Umeå)

Continué barruntando y asociando ideas y me pregunté cual era el organismo vivo de mayor edad con el que me había topado. Y de aquí a la tercera idea…

Idea 3:

Lo primero que me vino a la cabeza fueron las secuoyas que vi en el Sequoia National Park (California, EEUU) en el verano de 2007. Según la web del parque algunas secuoyas podrían tener entre mil ochocientos y dos mil setecientos años! Además de su longevidad también destacan por su altura, la secuoya más alta medida, y bautizada cómo Hyperion, llega a los 155,55 metros y se encuentra en el Redwood National Park (California, EEUU). Su ubicación exacta no se ha dado a conocer para evitar que las hordas de turistas le vayamos a dar la tabarra! Mejor así.

Una figura humana (un servidor), empequeñecida por unas gigantescas secuoyas en el Sequoia National Park (agosto 2007, la foto es de mi cuñado Ricard)

Más tarde caí en los baobabs que vi en el 2002 en un remoto camping en Botswana, Planet Baobab se llamaba (que por increíble que parezca tiene página web y hasta lo he encontrado en el Google Earth!), un nombre muy adecuado ya que el camping estaba en medio de la nada botswanesa y allí se juntaban una considerable cantidad de baobabs, una isla de baobabs, un lugar estupendo.

Un baobab (Adansonia digitata) en Botswana (la foto es mía).

Cuenta un leyenda africana que antaño el baobab era un árbol frondoso y muy bello pero que a su vez era un tanto engreído por su portentoso aspecto, vamos, que estaba encantado de conocerse. Un día, se posó en sus ramas un pajarito que parecía que acababa de atravesar un huracán, estaba sucio y desaliñado. El baobab le obligó a ir moviéndose por todas sus ramas para que no le ensuciara ni una de sus hojas. Pero lo que no sabía el orgulloso baobab era que el pájaro había sido enviado por los dioses y que por su falta de piedad con el pajarito castigaron al baobab a hundir su frondosa copa en el suelo, y a mostrar sus feas raíces, vaya, que lo plantaron “del revés”. Pues creo que es precisamente ese aspecto desaliñado y la sensación de “este árbol está plantado del revés” lo que le da al baobab su encanto y atractivo.

Pasando a temas más prosaicos podemos disfrutar de sólo ocho especies de baobab, todas del género Adansonia. Una de ellas vive en el África continental, A. digitata, otra en Australia, A. gregorii, y las seis restantes en la isla de Madagascar. Por tanto los baobabs que vi en Botswana eran A. digitata, y si mal no recuerdo había un cartel delante suyo en el que te indicaba su edad. Si la memoria no me falla había uno que tenía (decían) unos cinco mil años, aunque por lo que me he topado en la red estos días, el baobab más viejo ronda los dos mil años.

Ah, y no os olvidéis cada día de mantener limpio vuestro planeta de semillas de baobabs que lo acabarán infestando, consejo de El Principito!

Un planeta infestado de baobabs. Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry en "Le petit prince".

Y para ir acabando os dejo una interesante charla TED de Rachel Sussman y su proyecto “The world’s oldest living things”, donde nos explica su periplo por el mundo fotografiando los seres vivos de mayor edad (está en inglés pero hay la traducción al castellano en la columna de la derecha en “Interactive transcript”, donde sólo hay que escoger el idioma). También tiene un blog acerca de su proyecto: oltw.blogspot.com.

Feliz otoño a todo el mundo!

PD: Me podéis seguir en twitter en @B612_murzuq, y si queréis podéis compartir esta entrada en Facebook, Twitter y Google+ mediante el botón “Share this” que acabo de incorporar al final de la entrada. Por el momento he sido incapaz de instalar el botón para compartir en meneame! Alguna sugerencia?

La poética del ciclo CNO

Para ser alguien que nunca estuvo hecho a la medida de este mundo, debo confesar que me está resultando difícil abandonarlo. Claro que dicen que cada átomo de nuestro cuerpo formó parte una vez de una estrella. Quizá no me esté marchando, quizá esté yendo a casa.1

Todo el mundo conoce a su madre y sabe donde está su casa (donde están nuestros libros, dicen algunos), en cambio, a nuestras auténticas madres nunca las conoceremos, aunque vivan en nosotros, pero sí nos las podremos imaginar. No es muy difícil, solo hace falta salir una noche despejada y mirar el cielo y ahí las veremos, no exactamente ellas, pero sí muy parecidas. Las estrellas.

Poético.

O no tanto si nos paramos a pensar de qué están hechas: hidrógeno, el elemento más simple y abundante, formado por un protón y un electrón. Y muchísimos átomos de hidrógeno dan lugar a una estrella, además de energía, helio y otros elementos y nos da la vida, ahí es nada.

Nuestro Sol y dos invitados, arriba a la derecha, el transbordador Atlantis y la Estación Espacial Internacional. Foto de Thierry Legault.

Dejadme que os cuente un cuento. Miles de millones de años ha, antes incluso de que nuestro Sol naciera, habitaban por los alrededores de lo que hoy es el Sistema Solar una o varias estrellas. Eran muy grandes, varias veces el tamaño del Sol, muy calientes y brillantes pero tuvieron una vida corta, intensa y magnífica, como Mozart, Jimi HendrixSchubert (permitidme otra licencia poética). No adelantemos acontecimientos…

En las estrellas se producen varias reacciones o ciclos de fusión nuclear, o lo que es lo mismo, la unión de diferentes átomos ligeros  para dar otros más pesados y energía. Para entendernos, en el Sol se da el ciclo de unión de dos átomos de hidrógeno para dar helio y energía.

En cambio, en las estrellas con una masa unas ocho veces el Sol se da otro tipo de ciclo: el CNO. Aquí el carbono, previamente formado a partir de la unión de tres átomos de helio, juega un papel primordial en el paso de hidrógeno a helio. En este proceso (ver ilustración), también se van “creando” diferentes elementos como el nitrógeno y el oxígeno, además de energía. He aquí la piedra filosofal o la también llamada nucleosíntesis.

El ciclo CNO

Se le atribuye al gran actor James Dean la frase “vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. Lástima que se la aplicara a él mismo, aunque muchos millones de años antes, varios miles, nuestras estrellas madre se la tomaron al pie de la letra y después de pocos millones de años de vida, consumieron todo su combustible y finalizaron su intensa vida en una magnífica explosión supernova (nota para mi libreta naranja: hablar algún día de las supernova).

El actor James Dean (1931-1955)

El último fragmento de la frase, “deja un bonito cadáver”, nunca estuvo mejor aplicado, al menos para nuestros intereses. Me explico. Gracias a la explosión de las estrellas jamesdeanianas, se esparcieron por el espacio todos los elementos que se habían ido sintetizando en su interior, oxígeno, carbono, nitrógeno y otros muchos como el hierro y diferentes metales. Después de esta siembra de elementos se pudo recolectar 4.500 millones de años atrás una estrella y ocho planetas, unos rocosos y otros gaseosos, que giraban a su alrededor. En el tercer planeta más cercano a la estrella surgió la vida y para formar las moléculas orgánicas se basó en el carbono, el nitrógeno y el oxígeno que muchos miles de millones de años antes se formaron en el interior de unas estrellas gigantescas que sin saberlo nos dieron la vida, nuestras madres.

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1-Fragmento de la película GATTACA, una de las pocas películas de ciencia ficción sin efectos especiales ni el monstruo de turno. Muy recomendable.

Más información de la foto del Sol y sus dos invitados, aquí en inglés, aquí en castellano y aquí en catalán.

La foto de James Dean no sé de quien es.

Minutos musicales: “The departure”, fragmento de la banda sonora original de GATTACA. El compositor es Michael Nyman.

Nuestro sitio

A menudo la humanidad (entiéndase como el conjunto de Homo sapiens) ha tenido la tentación, y ha caído en ella, de considerarse como el punto culminante de la evolución y el centro del universo. Vamos, que nos hemos creído la mejor especie.

MENTIRA

De acuerdo, hemos llegado a la Luna, hemos dividido el átomo, hemos pintado De sterrennach, hemos construido la catedral de Colonia y hemos conquistado el polo sur, el polo norte, el Everest y sus 8.850 metros así como nos hemos sumergido hasta los 11.034 metros en la fosa de las Marianas (disculpen el plural mayestático, yo no he hecho nada de esto). Todo esto es estupendo, magnífico, hincha nuestro ego de especie y nos decimos: somos los mejores!

Kölner Dom

Pero mirado fríamente, siempre hay un pero que nos coloca en el sitio que nos corresponde, el objetivo de toda especie que habite la Tierra es reproducirse, dejar descendencia y transmitir nuestros genes a la siguiente generación. De eso se trata y da igual si has escrito el Quijote o has hollado el Everest, que si no pasas los genes a la siguiente generación tu futuro como especie se complica mucho.

Tomemos a los arácnidos (arañas, escorpiones, ácaros y compañía) como ejemplo. Se sabe de ellos que pululan por la Tierra desde hace unos 420 millones de años y se componen de unas 100.000 especies.  Por contra, los homínidos nos reunimos en seis especies y medramos por estos lares desde hace aproximadamente unos 14 millones de años.  Han construido los arácnidos alguna catedral? Han dividido el átomo? Saben algo del Principio de Exclusión de Pauli? Pondría la mano en el fuego que no. Y entonces, como es que están tan diversificados y han campado a sus anchas durante tantísimos millones de años? Han sabido adaptarse al medio cambiante en el que han vivido y viven, y han logrado perpetuar sus genes durante generaciones.

Arachnida, del libro "Kuntsformen der Natur" de Ernst Haeckel

Retrocedamos ahora en el tiempo unos siglos, no muchos, cuando la Tierra era el centro del Sistema Solar y del universo. El hombre (y en menor medida la mujer) eran la excelsa creación de Dios y todo giraba a su alrededor, incluso el Sol y los planetas. Y quien osó contradecir esta verdad inmutable, un tal Galileo Galilei, estuvo a punto de acabar quemado públicamente como un hereje.

Galileo Galilei, por Justus Sustermans, National Maritime Museum, Greenwhich, Reino Unido

Vayamos ahora a unos cuantos años luz de distancia de nuestro Sol para poder observar nuestra galaxia, la Vía Láctea, desde arriba, o desde abajo, da igual.  Qué vemos? Una típica galaxia espiral barrada (ver foto inferior), con su brillante núcleo  un tanto alargado y dos brazos principales espiralados, el brazo de Scutum-Centaurus y el brazo de Perseus. Si entramos en detalles podemos observar brazos menos conspicuos, como el de Saggitarius, del cual sale otro brazo aún más pequeño, bautizado como Espolón de Orión, que es donde se formó hace unos 4.500 millones de años el Sol. Y es ahí donde habitamos, a unos 150 millones de kilómetros del Sol, o lo que es lo mismo, a poco más de 8 minutos luz de nuestra estrella o, como se quiera, a 25.000 años luz del centro galáctico.

La Vía Láctea

Recorramos en un momento los 25.000 años luz de distancia hacia el centro de la Vía Láctea y observemos qué hay: un típico agujero negro. Según los últimos cálculos posee una masa 3,6 millones de veces la masa solar, y aún y así, no deja de ser típico.

Pese a compartir el mismo objetivo vital que un opilión, vivir en un pequeño planeta que orbita una típica estrella situada en un subsubbrazo de una galaxia como otra cualquiera, con su típico agujero negro en su centro, aún y así, y pese a quien pese, no hay nada como vivir en el humilde Espolón de Orión.