Paisajes extraterrestres (III): la roca de Verona

We are such stuff
as dreams are made on, and our little life
is rounded with a sleep1

William Shakespeare
“The Tempest”, Acto 4 Escena 1

De Shakespeare a Humphrey Bogart

De Shakespeare se podría decir lo mismo que de Bach. Si de éste afirmamos que está su música y el resto es ruido, del dramaturgo inglés podemos decir que primero está él y el resto son unos juntaletras.

El prestigioso y a la vez provocador crítico literario Harold Bloom considera a Shakespeare el punto culminante de la cadena evolutiva de los escritores, el macho alfa, el Rey Sol, el superpredador de la cadena trófica de los juntaletras, el Faraón de los escritores. Quizá sí, no lo sé.

Pero lo que más me interesa es lo profundamente introducido que está Shakespeare en el día a día de los humanos, muchas veces sin darnos cuenta. Quien no ha usado (o adaptado a su manera) el archiconocido “to be or not to be” (ser o no ser) de “Hamlet”? O quien no ha gritado lleno de furia cuando intentas apuntar algo que te dicen por teléfono y todos los bolis que tienes a mano no funcionan, “un boli, un boli, mi reino por un boli!!!!”, derivado del shakesperiano “a horse, a horse, my kingdom for a horse” de “Richard III”?

Supuesto retrato de Shakespeare, el famoso "Chandos portrait", atribuido a John Taylor. National Portrait Gallery, Londres.

Más ejemplos? Ahí voy, varios títulos de las novelas de Javier Marías provienen de versos de Shakespeare. Su libro “Corazón tan blanco” viene de un verso de “Macbeth”, acto 2, escena 2, “to wear a heart so white”. Otro de sus libros, “Mañana en la batalla piensa en mí” proviene de “Richard III”, acto 5, escena 3, “tomorrow in the battle think on me”. También el libro “Todas las almas” se titula como el verso de una poco conocida obra de Shakespeare, “Measure for measure”, acto 2, escena 2, “why, all of the souls that were were forfeit once”. Mas otro libro de Marías, “Negra espalda del tiempo”, viene de un verso shakesperiano, pero no he conseguido averiguar de qué obra.

Otro de los titanes de la literatura mundial, William Faulkner, tituló su obra más conocida “The sound and the fury” (“El ruido y la furia”) “birlando” un verso de la obra “Macbeth”, acto 5, escena 5, “It is a tale told by and idiot, full of sound and fury”.

Más, el libro de Jon Krakauer “Into thin air” (“Mal de altura”, editorial Desnivel), sobre una expedición comercial al Everest que acabó en tragedia, no estoy seguro pero su título podría provenir de los versos de “The Tempest”, acto 4, escena 1, “As I foretold you, were all spirits and are melted into air, into thin air”.

Un jovencísimo Humphrey Bogart sostiene el halcón maltés

Para ir acabando con la diatriba shakesperiana, un último ejemplo del mundo del cine. En la película “The maltese falcon” (“El halcón maltés”) de 1941, dirigida por John Houston e interpretada por el inigualable Humphrey Bogart, al final de la película le preguntan a Sam Spade (Humphrey Bogart) de qué está hecho el misterioso halcón, y él responde “del material con que se forjan los sueños” que bien podría inspirarse en los versos de “The Tempest”, acto 4, escena 1, “we are such stuff as dreams are made on”.

Urano y sus shakesperianos satélites

El año 1851, William Lassell, cervecero de Liverpool metido a astrónomo, descubrió dos de los satélites de Urano y los bautizó como Ariel y Umbriel. Fue él quien inició la tradición de bautizar a los satélites de Urano con nombres de varias obras de Shakespeare y del poeta Alexander Pope.

Tanto Ariel como Umbriel son dos espíritus del poema de Alexander Pope “The Rape of the Lock” y Ariel también aparece en la obra “The Tempest” (La Tempestad) de William Shakespeare.

Urano fotografiado por el Voyager 2 (NASA) en 1986

Más tarde se descubrieron otros tres de los llamados satélites mayores de Urano, Oberón (rey de las hadas en la mitología celta y personaje de “A Midsummer Night’s Dream”), Titania (reina de las hadas y también personaje de “A Midsummer Night’s Dream”) y Miranda (hija de Próspero, duque de Milán, en la obra “The Tempest”). Así pues, cuatro de los cinco nombres con que se bautizó a los satélites de Urano están relacionados con la obra del bardo inglés, a diferencia de los nombres dados al resto de satélites y planetas del Sistema Solar que fueron mayoritariamente bautizados con nombres de la mitología griega y romana.

A parte de estos cinco satélites mayores, Urano cuenta con otros veintidós satélites menores que llevan otros tantos nombres shakesperianos, Julieta, Calibán, Desdémona, Puck, Ofelia, Próspero, Cordelia etc…

Miranda, el Voyager 2 y la roca de Verona

En el año 1986 la sonda Voyager 2 visitó Urano y pudo pasar cerca de su satélite Miranda (480 kilómetros de diámetro, la distancia entre Barcelona y Logroño y descubierto por Kuiper en 1948). Los científicos que aguardaban ansiosos las fotos de Miranda esperaban otro satélite lleno de cráteres como otros que abundan en el Sistema Solar. Pero como cantaba Rubén Blades en “Pedro Navaja”, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, así fue, Miranda sorprendió agradablemente por su geología. Tenía una parte con varios cráteres mientras el resto estaba “pavimentada” por cordilleras y surcos concentrados en unas zonas que bautizaron como “coronas”, de formas ovoides o cuadrangulares que a mi me recuerdan coladas de lava. Y qué nombres les pusieron? Arden corona (nombre del bosque en “As you like it”), Elsinore corona (castillo de Hamlet) e Inverness corona (castillo de Macbeth).

Miranda, satélite de Urano fotografiado por el Voyager 2 (NASA)

Y aquí quería llegar, una de estas extrañas formaciones de Miranda es la Roca de Verona, o Verona Rupes en su nombre oficial, (Verona? sí, la ciudad italiana en donde transcurre el drama “Romeo and Juliet”, otra vez Shakespeare!), un majestuoso acantilado de una altura de entre 10 y 20 kilómetros, el acantilado más alto conocido hasta ahora del Sistema Solar. Cómo se pudo originar este fenomenal acantilado es todavía un misterio.

El acantilado Verona Rupes, Miranda. Foto: Voyager 2 (NASA)

Verona Rupes fue APOD el 4 de abril de 2011 y en  ella se conjeturaba que si nos lanzáramos desde Verona Rupes tardaríamos unos doce minutos en llegar al suelo a una velocidad de “sólo” 200 kilómetros por hora debido a la baja gravedad de Miranda (125 veces menor que la terrestre),  y que con una buena protección de airbags se podría sobrevivir.

Más que saltar desde su punto más alto, no soy amante de según qué emociones fuertes, me gustaría estar en su base y mirar hacia arriba, a mi me recuerdan un poco los blancos acantilados de Dover, o desde su punto más alto observar las vistas de Miranda y su extraña geología mientras voy declamando “The Tempest” de William Shakespeare:

“Our revels now are ended. These our actors,
As I foretold you, were all spirits and
Are melted into air, into thin air;
And—like the baseless fabric of this vision —
The cloud-capped towers, the gorgeous palaces,
The solemn temples, the great globe itself,
Yea, all which it inherit, shall dissolve,
And like this insubstantial pageant faded,
Leave not a rack behind. We are such stuff
As dreams are made on, and our little life
Is rounded with a sleep. …”2

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1 Estamos tejidos
de idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida
se cierra con un sueño.
Traducción de Luis Astrana Marín

2 Nuestros divertimentos han dado fin. Esos actores,
como había prevenido, eran espíritus todos y
se han disipado en el aire, en el seno del aire impalpable;
y a semejanza del edificio sin base de esta visión,
las altas torres, cuyas crestas tocan las nubes, los suntuosos palacios,
los solemnes templos, hasta el inmenso globo,
sí, y cuanto en él descansa, se disolverá,
y lo mismo que la diversión insustancial que acaba de desaparecer,
no quedará rastro de ello. Estamos tejidos
de idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida
se cierra con un sueño.
Traducción de Luis Astrana Marín

Fuentes:

1- Varias entradas de la wikipedia

2 – Entrada “Miranda’s warning” del blog stereomoons.blogspot.com

3 – Dos páginas web con la obra completa de Shakespeare: shakespeare.mit.edu y shakespeare-literature.com

Y ya para terminar los habituales minutos musicales, esta vez con Rubén Blades y su “Pedro Navaja”, no es Shakespeare pero, ay!, qué versos!, como este: “con el tumbao que tienen los guapos al caminar”

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Los Intrusos (y V): cometas, brujas, pilares, lunas y cruces

Hoy finalizamos ya el repaso a los intrusos de la “Noche Estrellada” de Van Gogh. Y para finalizar un cajón de sastre donde cabe de todo, dos cometas, una nebulosa de reflexión, una zona concreta de una nebulosa de emisión, una luna eclipsada y una lente gravitacional. Casi nada!

Un poco de todo para finalizar

Dos cometas

El final del siglo XX fue una gran época para observar cometas (muy brillantes) en el cielo. En 1996 el cometa Yakutake y en 1997 el Hale-Bopp surcaron los cielos en su órbita alrededor del Sol. El primero fue descubierto por el astrónomo aficionado japonés Yuji Hyakutake un 30 de enero de 1996, mientras que el segundo fue co-descubierto por dos astrónomos amateurs estadounidenses, Alan Hale y Thomas Bopp. Los cometas no son más que gigantescas bolas de hielo sucio que de vez en cuando se lanzan a la aventura en el Sistema Solar interior desde su destierro en el cinturón de Kuiper o la muy lejana nube de Oort. El cinturón de Kuiper se encuentra a una distancia de unas 50 Unidades Astronómicas (1 UA=distancia Sol-Tierra), mientras que la nube de Ooort se va hasta las 50.000 UA, para entendernos, si el Sol y la Tierra se encontraran a 1 centímetro de distancia el cinturón de Kuiper, con Plutón como su más conocido miembro, la encontraríamos a 50 centímetros, mientras que la nube de Oort estaría a medio kilómetro del Sol.

He aquí las fotos de los que probablemente hayan sido los más brillantes y espectaculares cometas del siglo XX.

Cometa Hyakutake. Foto: Zach Zubenel

Cometa Hale-Bopp. Foto: Jerry Lodriguss

Una bruja y su nebulosa

Sutilmente engarzada en la “Noche Estrellada” encontramos una nebulosa de reflexión, la Nebulosa de la Cabeza de Bruja. Este tipo de nebulosas reflejan la luz de las estrellas que tienen cerca, a diferencia de las de emisión, que emiten su propia luz. En este caso refleja la luz de Rigel, la sexta estrella (sin contar el Sol) más brillante del cielo, una supergigante azul con un diámetro 73 veces el del Sol. Salta a la vista el porqué de llamarla Cabeza de Bruja, en ella se intuye muy bien la nariz ganchuda, la boca abierta y la barbilla prominente típico de las brujas malas de los cuentos infantiles.

La nebulosa de la Cabeza de Bruja (IC 2118) y Rigel iluminándola. Foto: Telescopio Hubble.

Eclipse lunar

En el cuadro original de Van Gogh podemos observar una Luna en cuarto menguante. En “Los Intrusos” Robbie Warner, su autor, nos embosca detrás de la Luna otra Luna pero eclipsada. Eclipsada? Sí, sólo hay que fijarse y comparar con el original el tono rojizo que toma el trozo de Luna que no está cubierta por el cuarto menguante original. Si alguien ha visto un eclipse lunar habrá podido comprobar que la Luna no queda completamente negra y oscura (cosa que pasa en un eclipse solar), sino que queda en una penumbra rojiza, la Luna se ruboriza. Esto es debido a la refracción de los rayos del Sol al pasar por las capas altas de la atmósfera.

Eclipse de Luna total o la Luna ruborizada. Foto: Johannes Schedler.

Los Pilares de la Creación

A pesar del rimbombante nombre que le dieron (un buen nombre siempre vende más) los susodichos pilares no dejan de ser un paritorio estelar de los muchos que abundan en el espacio. Pero esta vez el nombre estaba a la altura de la foto, una espectacular panorámica de unos pilares de gas (hidrógeno) y polvo en el interior de los cuales se están cociendo nuevas estrellas. Situados en la conocida nebulosa del Águila (M16) es una de las más famosas fotos tomadas por el telescopio Hubble. Es muy probable que el Sol surgiera de una estructura parecida a estos Pilares de la Creación.

Los Pilares de la Creación. Foto: Telescopio Hubble.

La Cruz de Einstein

Para acabar nos tenemos que fijar en la punta del campanario del cuadro de Van Gogh donde podemos ver una especie de cruz, la Cruz de Einstein.

La Cruz de Einstein

Einstein en su Teoría de la Relatividad pronosticó que la luz al pasar cerca de una gran masa (una estrella o una galaxia, por ejemplo) se podía desviar debido al campo gravitatorio que generaba la gran masa. Uno de los efectos que generaba este desvío de la luz al pasar cerca de una enorme masa es lo que se conoce como lente gravitacional.

Y si alineamos perfectamente con la Tierra una galaxia y un lejano cuásar? Pues una lente gravitacional como la copa de un pino. La luz del cuásar al pasar por el centro de la galaxia (la gran masa) con la que está alineado, se “desdobla” en cuatro haces y al llegar a la Tierra vemos cuatro cuásares: la Cruz de Einstein!

Einstein dijo una vez que la música de Mozart “era tan pura, que parecía haber existido en el universo desde siempre, esperando a ser descubierta por su dueño”. No se hable más, Mozart para los habituales minutos musicales, hoy el Segundo Movimiento (Adagio) del Concierto para Clarinete y Orquesta en La Mayor KV 622. Dirige Claudio Abbado y Alessandro Carbonare al clarinete.

Los Intrusos (IV): remanentes de supernova

Las estrellas pueden morir de dos maneras, tranquilamente o explosivamente.

Todo depende del tamaño, el tamaño importa, aquí sí!

Tal y como expliqué en la primera entrega de “Los intrusos de la Noche Estrellada”, si eres una estrella modesta (como nuestro Sol) morirás plácidamente, irás hinchándote, te convertirás en una gigante roja, expulsarás finalmente tus capas exteriores formando una nebulosa planetaria y acabarás siendo una enana blanca.

Por contra, si eres una estrella con una gran masa tu final será apoteósico con una explosión colosal y un aumento de brillo que durará de días a meses: serás una supernova. Tu destino será convertirte en una estrella de neutrones, un púlsar o un agujero negro. Eso sí, a su alrededor se formará, como no, una estupenda nebulosa.

Y dónde se escondían los remanentes de supernova?

Remanentes de supernova

Remanente de la supernova 1987A:

La supernova SN1987A fue descubierta por Ian Shelton en el año 1987, de ahí su nombre, SN por supernova, 1987 por el año de su descubrimiento y la letra A por ser la primera supernova descubierta en ese año. Fue incluso posible verla a simple vista ya que llegó a una magnitud de +3 (las estrellas más débiles visibles a simple vista son de magnitud +6). Fue la primera supernova visible a simple vista desde la supernova de Kepler en el año 1604. La estrella que explotó no se encontraba en la Vía Láctea sino en una galaxia satélite de ésta, la Gran Nube de Magallanes visible solo en las noches del Hemisferio Sur. Desde el Norte no la pudimos ver. Lástima!

En la “Noche estrellada” hay dos fotos distintas de la estructura que formó la supernova en cuestión tomadas a diferente longitud de onda veinte años después de la explosión. Por desgracia sólo he podido encontrar una foto de las dos, aquí os la dejo:

Remanente de la supernova 1987A. Foto: Telescopio Hubble (NASA)

Nebulosa del Cangrejo (M1):

Aquí encontramos una vieja conocida ya que en la segunda entrega de “Los Intrusos” os hablé de ella, la nebulosa del Cangrejo. Entonces la clasifiqué como nebulosa de emisión, que lo es, pero esta nebulosa se creó a raíz de la explosión de una estrella (supernova) en el año 1054 dC, una no excluye a la otra.

M1 o la nebulosa del Cangrejo: remanente de supernova y nebulosa de emisión (Foto: Hubble)

Y hasta aquí la cuarta entrega, en la siguiente y última ya: cometas, lunas eclipsadas, pilares de la creación, nebulosas, brujas e incluso una cruz.

Los Intrusos (III): galaxias raras

En esta tercera entrega cambiamos de tercio y nos vamos a estructuras mucho más grandes, las galaxias. Las galaxias son enormes islas de estrellas, planetas, agujeros negros y demás bestiario, inmersas en el vasto océano cósmico.

De las que se infiltraron en la “Noche estrellada” solo una diríamos que es típica, que tiene forma de galaxia, vamos, una espiral de tomo y lomo!

El resto de galaxias infiltradas son un poco raras, extrañas o atípicas, que no bizarras. Inciso: últimamente se ha puesto de moda en internet usar el adjetivo “bizarro” como “raro”. Según el diccionario de la RAE bizarro significa valiente o generoso, lúcido, espléndido. Acudo por si las moscas al Diccionario Panhispánico de Dudas y me suelta lo siguiente:

bizarro -rra. En español significa ‘valiente, esforzado’: «Llega el capitán Andrés Cuevas, un bizarro combatiente al mando de un pelotón» (Matos Noche [Cuba 2002]); y ‘lucido, airoso’: «Vuestra juventud reverdecerá más bizarra y galana que nunca» (Luján Espejos [Esp. 1991]). Debe evitarse su empleo con el sentido de ‘raro o extravagante’, calco semántico censurable del francés o del inglés bizarre: «Es un nombre bizarro. No cuando se ha nacido en Sídney y se es australiana» (Leyva Piñata [Méx. 1984]). Tampoco debe emplearse bizarría con el sentido de ‘rareza o extravagancia’. (La negrita es mía).

Queda claro? Pues a ver si lo aplicamos. Cierro inciso.

 Y donde estaban infiltradas las galaxias? Aquí:

Galaxias infiltradas

 Galaxia del Remolino o M51:

Galaxia del Remolino o M51. (Foto: Adam Block, Mt. Lemmon SkyCenter, U. Arizona)

Empecemos por la galaxia del Remolino, una típica galaxia espiral. Las formas que toman las galaxias se pueden dividir básicamente en tres: elípticas, espirales e irregulares, y dentro de cada categoría hay muchas subdivisiones, como las espirales barradas que es la forma que tiene nuestra Vía Láctea.

La  del Remolino se encuentra a unos “cercanos” 23 millones de años luz y se puede observar en sus brazos unos puntos rosados que es donde están naciendo nuevas estrellas. Fue descubierta un 13 de octubre de 1773 por Charles Messier (recordad que M51 significa el objeto 51 del catálogo de Charles Messier de objetos-parecidos-a-cometas-que-no-son-cometas).

Núcleo de la galaxia NGC 4261:

Núcleo de la galaxia NGC 4261. Foto: Telescopio Hubble

En esta fotografía del telescopio Hubble bien podría ser cualquier cosa pero, según explican en su web, corresponde a un disco gigantesco de gas y polvo que “alimenta” a un hipotético agujero negro ubicado en el centro de la galaxia NGC 4261.

Galaxia del Sombrero o M104:

Galaxia del Sombrero o M104. Foto: telescopio Spitzer

Descubierta en marzo de 1767 por Pierre Mecháin y más tarde en 1784 por William Herschel, las dos observaciones fueron relacionadas años más tarde por posteriores astrónomos y se llegó a la conclusión de que era la misma galaxia. Fue bautizada con la palabra sombrero por su parecido a un sombrero mexicano e incluso en inglés respetan la palabra en castellano. En esta foto tomada por el telescopio Spitzer en la banda del infrarrojo, invisible al ojo humano, se puede observar perfectamente su polvoriento anillo reluciendo en rojo y el centro galáctico, donde mora un leviatán de los agujeros negros con sus mil millones de masas solares.

Galaxia de la Rueda de Carro:

Galaxia de la Rueda de Carro. Foto: Telescopio Hubble

Esta extraña galaxia con forma de ostra con una perla, al ser descubierta por Fritz Zwicky en 1941, dijo que era una de las estructuras más complicadas esperando a ser explicada. No le faltaba razón. Pero como a todo cerdo le llega su San Martín, a toda galaxia rara le llega su explicación. Según la teoría más aceptada, doscientos millones de años atrás, una galaxia atravesó por el medio a otra provocando una onda de choque similar a cuando lanzamos una piedra contra la arena. Dicha onda se llevó por delante gas y polvo creando más tarde estrellas alrededor del centro, la llanta de la rueda, mientras el centro galáctico quedó indemne.

Galaxias Antennae (NGC 4038, NGC 4039):

Las galaxias Antennae en plena colisión. Foto: Telescopio Hubble

Si en la galaxia de la Rueda de Carro veíamos el producto del choque de dos galaxias, en esta pillamos in fraganti a dos galaxias en plena colisión. Esta espectacular estampa quizá se dará de aquí a unos cuantos millones de años en el futuro, cuando nuestra Vía Láctea choque con la Galaxia de Andrómeda. Por difícil que parezca es muy poco probable que cuando se dé la colisión ninguna estrella choque con otra, aunque haya muchas, las distancias entre ellas son enormes. Lo que seguro que pasará, como en las Antennae es que se deformen y dejen de ser galaxias elípticas.

Hasta aquí las galaxias escondidas en la “Noche estrellada”, en la próxima entrega nos damos un garbeo por los remanentes de supernova.

Un pequeño gran salto

“Este es un pequeño paso para un hombre, y un gran salto para la humanidad”
Neil Armstrong al pisar la Luna  

Desde que el último Homo sapiens holló la Luna, Eugene Andrew Cernan comandando la última misión Apolo, la 17, nadie ha vuelto a la Luna. Fue un 11 de diciembre de 1972.

Eugene Andrew Cernan (nacido en 1934)

Eso sí, cada uno tiene sus particulares lunas, o retos, o desafíos, que tras ardua lucha se consiguen o no. Yo el sábado pasado pisé una de mis lunas, conseguir, por fin!, agrupar en una sola foto varias de ellas mediante el maldito Photoshop. Lo que me costó: un gran paso para un hombre (un servidor de ustedes), y un insignificante salto para la humanidad!

Como que estoy tan contento de mi alunizaje paso a compartir “mi obra” con vosotros (clicad sobre las fotos para verlas a mayor tamaño):

Izquierda: anillos de Saturno y, “descolgándose”, sus satélites Encelado y Tethys. Derecha: los anillos de Saturno proyectan su sombra en el planeta. Fotos: sonda Cassini (NASA)

Izquierda: la Vía Láctea, una estrella fugaz y una aurora boreal, foto de Tommy Eliassen. Derecha: Nebulosa de la Burbuja (NGC7635), foto de Larry Van Vleet (APOD 11/09/2011). Ambos fotógrafos son amateurs.

Lo sé, mi “obra” son cuatro fotos agrupadas en dos, miserable, pero como he dicho, fue mi particular “luna”.

En esta foto, que podríamos titularla “El Quinteto de Cassini”, no he toqueteado nada con el Photoshop pero me encanta y os la pongo. De izquierda a derecha, Jano, Pandora, Encelado, Mimas y Rea, todos satélites de Saturno, del cual sólo se ve una parte de sus anillos. La foto, como no, de la maravillosa sonda Cassini.

Y para acabar, de octetos a quintetos, exactamente uno de los movimientos del quinteto para cuerda en mi mayor, opus 11, número 5 de Luigi Boccherini, el famoso Minuetto:

Los Intrusos (II): un nebuloso animalario

Si en la anterior entrada de “Los Intrusos de la Noche Estrellada” hablé de las nebulosas de emisión, hoy… también!

Concretamente de las llamadas nebulosas planetarias, que pese a su nombre no tienen nada que ver con los planetas, se llaman así ya que cuando fueron descubiertas en el siglo XVIII, al observarlas por los telescopios de la época, recordaban a los planetas gaseosos que se conocían entonces (Júpiter y Saturno).

Siguen siendo nebulosas de emisión ya que la estrella central continúa “excitando” al gas circundante y haciendo que éste emita luz. Pero las estrellas que nos deleitan con las nebulosas planetarias son estrellas de masa intermedia (como el Sol) que en la fase final de sus vidas se van hinchando, enfriando y expulsando las capas más externas provocando estos bellos espectáculos de gas, luz y color. Después la estrella queda reducida a una enana blanca, un frío y pequeño cadáver estelar.

Empecemos, no sin antes desvelar donde se escondía nuestro nebuloso animalario:

Las nebulosas planetarias intrusas!

Nebulosa del Búho (mejor de la lechuza) o M97:

Nebulosa de la Lechuza o M97 (Foto: Keith Quattrocchi)

Se encuentra en la conocida constelación de la Osa Mayor y fue descubierta en 1781 por Pierre Mecháin. Debido a sus dos “manchas” oscuras a modo de ojos se la llama nebulosa de la Lechuza (o del Búho).

Nebulosa del Esquimal:

La nebulosa del Esquimal o NGC 2392. Foto: Telescopio Hubble

Descubierta por el gran astrónomo alemán William Herschel (1738-1822), descubridor de Urano, dos de sus satélites, Oberón y Titania, dos lunas de Saturno amén de otros objetos celestes y de la radiación infrarroja, así, como quien no quiere la cosa. Dicha nebulosa se encuentra en la constelación de Géminis. Y el nombre? Está claro, no?

Nebulosa del Ojo de Gato:

Nebulosa del Ojo de Gato (NGC 6543). Foto: composición a partir de observaciones de los telescopios Hubble y Chandra.

Descubierta también por William Herschel en 1786. Su complejísima estructura lleva de cabeza a los astrofísicos y se sospecha que en su centro hay una estrella binaria, dos estrellas que rotan y que provocarían esta complicada y bella estructura. Aún y así no hay pruebas fehacientes de que la estrella sea doble. Se encuentra en la constelación del Dragón. 

Nebulosa de la Hormiga:

Nebulosa de la Hormiga (Mz 3). Foto: Telescopio Hubble

Acabando ya con nuestro nebuloso animalario, aquí tenemos a la nebulosa de la Hormiga, descubierta por el astrofísico Donal H. Menzies (1901-1976) en 1922. Si bien su nombre es muy acertado también se la llama nebulosa del Reloj de Arena.

Como apunte final añadir que nuestro Sol, de aquí a unos cinco mil millones de años, cuando haya acabado todo su combustible, se irá hinchando, engullendo a la Tierra y convirtiéndose en una gigante roja, expulsará sus capas más externas y así dará lugar a una nebulosa planetaria. Tal y como he explicado antes su destino es el de acabar su vida como una enana blanca, rodeada, eso sí, por una bella nebulosa. Y quien sabe, quizá una civilización extraterrestre la observe y la bautice con el nombre de un animal y pasar a formar parte de un nebuloso animalario.

Próxima entrega: galaxias raras.

Los Intrusos (I): bellas nebulosas

Procrastinate
Hace ya más de un año, el 2 de julio de 2010, os hablaba de los 15 años del APOD y de las dos virguerías que hicieron para celebrarlo: una versión de la “Noche estrellada” de Van Gogh con varios intrusos cósmicos infiltrados y la fusión de dos cuadros de Vermeer, “El astrónomo” y “El geógrafo” “pintados” con multitud de fotos del APOD.

Al final de dicha entrada os prometía desvelar quienes eran esos intrusos que poblaban la “Noche estrellada”, y aquí estoy, para desvelar el misterio Sí, lo sé, ha pasado mucho tiempo, pero más vale tarde que nunca. Como dirían los ingleses “I’ve have been procrastinating until now”, es decir, que “he estado procrastinando hasta ahora”, como veo que este verbo no existe en castellano, deciros que “procrastinar” significa “ir posponiendo una tarea para más tarde”, o según dice la RAE “diferir, aplazar” y esto no lo dice la definición, sino yo, “distrayéndose con infinidad de estímulos externos, como pueden ser el vuelo de una mosca o el maldito twitter”

Primera tanda de intrusos: nebulosas de emisión
Tengo especial predilección por las nebulosas de emisión, esos objetos celestes, delicados y gaseosos, que emiten su propia luz excitados por una o varias estrellas que están en su interior. Por esto empiezo con ellas, ahí van las que se infiltraron:

Nebulosas de emisión infiltradas!

Para admirar mejor su belleza os adjunto una foto de cada una:

Nebulosa del Cangrejo o M1:
Esta nebulosa es el resultado de la explosión de supernova de una estrella muy masiva que aconteció en el año 1054 dC y que fue observada por astrónomos chinos de la época. Como resultado quedó esta magnífica nebulosa y en su centro el resto moribundo de la estrella que explotó, un púlsar (tanto la supernova de 1054 como el descubrimiento de los púlsar merecen sendas entradas, y en un futuro, si no procrastino demasiado, prometo hablar de ellas).

M1 o la nebulosa del Cangrejo (Foto: Hubble)

Nebulosa de la Roseta:
En esta nebulosa el cúmulo de estrellas jóvenes y azuladas del centro hacen refulgir al gas circundante en un tono rosado. No hay que ser un prodigio mental para deducir el porqué de su nombre.

Nebulosa de la Roseta (Foto: Caltech/Observatorio Palomar)

Nebulosa de la Roseta (Foto: Caltech/Observatorio Palomar)

Nebulosa del Yelmo de Thor:
Y para ir finiquitando ya la entrada y los primeros intrusos, una soberbia foto de Robert Gendler de la nebulosa del Yelmo de Thor. A pesar de su delicado y bello aspecto esta nebulosa, o mejor dicho, burbuja, alberga en su interior una gigantesca y muy caliente estrella a punto de estallar, dándole al gas circundante esta forma esférica como consecuencia del violento viento estelar.

Nebulosa del Yelmo de Thor (Foto: Robert Gendler)

En la próxima entrada más intrusos, concretamente las nebulosas planetarias.

Actualizo y rectifico: gracias a mi amiga Betti, reina de las palabras, por hacerme ver que el verbo “procrastinar” existe. El que no existe es procrastRinar, que burro de mí busqué en el diccionario de la RAE y obviamente no salía! Tachado y corregido está!