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Regalos y cumpleaños

Somewhere, something incredible is waiting to be known.

Carl Sagan

Cuánta razón tenía Carl Sagan cuando dijo la frase que encabeza la entrada de hoy: “En algún lugar, algo increíble está esperando a ser descubierto”.

Y precisamente la semana pasada, justo el día de la fecha del cumpleaños de Carl Sagan (9 de noviembre de 1934), la NASA le/nos hizo entrega de un fantástico regalo. Una lástima que ya lleve casi 16 años muerto. Seguro que le hubiera fascinado este regalo!

“Como si hubiéramos encontrado un nuevo continente en la Tierra” decía la nota de prensa publicada por el Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, autores de este descubrimiento.

No exageran, gracias a los datos aportados por el telescopio espacial Fermi se acaban de descubrir dos gigantesca burbujas (25.000 años luz de longitud cada una) que parten en perpendicular del centro de la Vía Láctea y que emiten rayos gamma, la fracción más energética de la luz (más energéticos que los conocidos rayos X).

Representación gráfica de las misteriosas burbujas

Por el momento se desconoce su origen y su edad. No obstante, al partir ambas burbujas del centro galáctico es muy probable que tengan alguna relación con el agujero negro supermasivo (unos cuatro millonesde veces la masa de nuestro Sol), bautizado como Sgr A*, que habita en el centro de la Vía Láctea. Apunta Doug Finkbeiner, astrónomo de la Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics y el primero en identificar la estructura, que dichas burbujas se podrían haber originado no hace mucho tiempo, a escala astronómica claro, unos pocos millones de años, a partir de la expulsión de un chorro de partículas desde Sgr A*.

Se cree que todas las galaxias tienen en su centro un agujero negro supermasivo, algunos son  modestos como nuestro Sgr A* y otros son auténticos monstruos, llegando a tener una masa, como el que se encuentra en el centro de la galaxia M87, de seis mil millones de veces la masa del Sol. Por esto no es de extrañar que del centro de M87 se eyecte un chorro de materia de 5.000 años luz de longitud.

La galaxia M87 y su chorro de materia

Actualmente la Vía Láctea no tiene ningún chorro de materia que provenga de su centro, como el de M87, pero es probable que en un su pasado sí que lo tuviera y ahí podríamos tener una explicación a las dos burbujas recién descubiertas.

Otra hipótesis del origen, apunta Doug Finkbeiner , sería que se podrían haber formado a partir del gas expelido durante la formación de cúmulos estelares masivos en el centro galáctico tal y como se observa en algunas galaxias.

En cambio, cómo se originan los rayos gamma se conoce bien, un electrón acelerado a casi la velocidad de la luz choca con un fotón (el componente básico de la luz), lo excita y le hace saltar a un estado más energético (el rayo gamma). Pero, siempre hay un pero, se desconoce el origen de estos electrones, de donde han salido? Más misterio.

He aquí la gracia, el misterio, el no saber, el descubrir, o intentarlo.

Y ya acabo con dos frases de dos eminentes científicos que nos llevan al meollo de la ciencia, el desconocer y  el intentar conocer.

Lawrence Krauss (físico teórico): “A los científicos les gustan los misterios, les gusta no saber”.

Richard Feynman (físico cuántico y premio Nobel de física en 1965): “No tengo miedo a no saber, creo que es mucho más interesante”.

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Fuente:

Nota de prensa del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics, aquí.

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Nuestro sitio

A menudo la humanidad (entiéndase como el conjunto de Homo sapiens) ha tenido la tentación, y ha caído en ella, de considerarse como el punto culminante de la evolución y el centro del universo. Vamos, que nos hemos creído la mejor especie.

MENTIRA

De acuerdo, hemos llegado a la Luna, hemos dividido el átomo, hemos pintado De sterrennach, hemos construido la catedral de Colonia y hemos conquistado el polo sur, el polo norte, el Everest y sus 8.850 metros así como nos hemos sumergido hasta los 11.034 metros en la fosa de las Marianas (disculpen el plural mayestático, yo no he hecho nada de esto). Todo esto es estupendo, magnífico, hincha nuestro ego de especie y nos decimos: somos los mejores!

Kölner Dom

Pero mirado fríamente, siempre hay un pero que nos coloca en el sitio que nos corresponde, el objetivo de toda especie que habite la Tierra es reproducirse, dejar descendencia y transmitir nuestros genes a la siguiente generación. De eso se trata y da igual si has escrito el Quijote o has hollado el Everest, que si no pasas los genes a la siguiente generación tu futuro como especie se complica mucho.

Tomemos a los arácnidos (arañas, escorpiones, ácaros y compañía) como ejemplo. Se sabe de ellos que pululan por la Tierra desde hace unos 420 millones de años y se componen de unas 100.000 especies.  Por contra, los homínidos nos reunimos en seis especies y medramos por estos lares desde hace aproximadamente unos 14 millones de años.  Han construido los arácnidos alguna catedral? Han dividido el átomo? Saben algo del Principio de Exclusión de Pauli? Pondría la mano en el fuego que no. Y entonces, como es que están tan diversificados y han campado a sus anchas durante tantísimos millones de años? Han sabido adaptarse al medio cambiante en el que han vivido y viven, y han logrado perpetuar sus genes durante generaciones.

Arachnida, del libro "Kuntsformen der Natur" de Ernst Haeckel

Retrocedamos ahora en el tiempo unos siglos, no muchos, cuando la Tierra era el centro del Sistema Solar y del universo. El hombre (y en menor medida la mujer) eran la excelsa creación de Dios y todo giraba a su alrededor, incluso el Sol y los planetas. Y quien osó contradecir esta verdad inmutable, un tal Galileo Galilei, estuvo a punto de acabar quemado públicamente como un hereje.

Galileo Galilei, por Justus Sustermans, National Maritime Museum, Greenwhich, Reino Unido

Vayamos ahora a unos cuantos años luz de distancia de nuestro Sol para poder observar nuestra galaxia, la Vía Láctea, desde arriba, o desde abajo, da igual.  Qué vemos? Una típica galaxia espiral barrada (ver foto inferior), con su brillante núcleo  un tanto alargado y dos brazos principales espiralados, el brazo de Scutum-Centaurus y el brazo de Perseus. Si entramos en detalles podemos observar brazos menos conspicuos, como el de Saggitarius, del cual sale otro brazo aún más pequeño, bautizado como Espolón de Orión, que es donde se formó hace unos 4.500 millones de años el Sol. Y es ahí donde habitamos, a unos 150 millones de kilómetros del Sol, o lo que es lo mismo, a poco más de 8 minutos luz de nuestra estrella o, como se quiera, a 25.000 años luz del centro galáctico.

La Vía Láctea

Recorramos en un momento los 25.000 años luz de distancia hacia el centro de la Vía Láctea y observemos qué hay: un típico agujero negro. Según los últimos cálculos posee una masa 3,6 millones de veces la masa solar, y aún y así, no deja de ser típico.

Pese a compartir el mismo objetivo vital que un opilión, vivir en un pequeño planeta que orbita una típica estrella situada en un subsubbrazo de una galaxia como otra cualquiera, con su típico agujero negro en su centro, aún y así, y pese a quien pese, no hay nada como vivir en el humilde Espolón de Orión.