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Los Intrusos (y V): cometas, brujas, pilares, lunas y cruces

Hoy finalizamos ya el repaso a los intrusos de la “Noche Estrellada” de Van Gogh. Y para finalizar un cajón de sastre donde cabe de todo, dos cometas, una nebulosa de reflexión, una zona concreta de una nebulosa de emisión, una luna eclipsada y una lente gravitacional. Casi nada!

Un poco de todo para finalizar

Dos cometas

El final del siglo XX fue una gran época para observar cometas (muy brillantes) en el cielo. En 1996 el cometa Yakutake y en 1997 el Hale-Bopp surcaron los cielos en su órbita alrededor del Sol. El primero fue descubierto por el astrónomo aficionado japonés Yuji Hyakutake un 30 de enero de 1996, mientras que el segundo fue co-descubierto por dos astrónomos amateurs estadounidenses, Alan Hale y Thomas Bopp. Los cometas no son más que gigantescas bolas de hielo sucio que de vez en cuando se lanzan a la aventura en el Sistema Solar interior desde su destierro en el cinturón de Kuiper o la muy lejana nube de Oort. El cinturón de Kuiper se encuentra a una distancia de unas 50 Unidades Astronómicas (1 UA=distancia Sol-Tierra), mientras que la nube de Ooort se va hasta las 50.000 UA, para entendernos, si el Sol y la Tierra se encontraran a 1 centímetro de distancia el cinturón de Kuiper, con Plutón como su más conocido miembro, la encontraríamos a 50 centímetros, mientras que la nube de Oort estaría a medio kilómetro del Sol.

He aquí las fotos de los que probablemente hayan sido los más brillantes y espectaculares cometas del siglo XX.

Cometa Hyakutake. Foto: Zach Zubenel

Cometa Hale-Bopp. Foto: Jerry Lodriguss

Una bruja y su nebulosa

Sutilmente engarzada en la “Noche Estrellada” encontramos una nebulosa de reflexión, la Nebulosa de la Cabeza de Bruja. Este tipo de nebulosas reflejan la luz de las estrellas que tienen cerca, a diferencia de las de emisión, que emiten su propia luz. En este caso refleja la luz de Rigel, la sexta estrella (sin contar el Sol) más brillante del cielo, una supergigante azul con un diámetro 73 veces el del Sol. Salta a la vista el porqué de llamarla Cabeza de Bruja, en ella se intuye muy bien la nariz ganchuda, la boca abierta y la barbilla prominente típico de las brujas malas de los cuentos infantiles.

La nebulosa de la Cabeza de Bruja (IC 2118) y Rigel iluminándola. Foto: Telescopio Hubble.

Eclipse lunar

En el cuadro original de Van Gogh podemos observar una Luna en cuarto menguante. En “Los Intrusos” Robbie Warner, su autor, nos embosca detrás de la Luna otra Luna pero eclipsada. Eclipsada? Sí, sólo hay que fijarse y comparar con el original el tono rojizo que toma el trozo de Luna que no está cubierta por el cuarto menguante original. Si alguien ha visto un eclipse lunar habrá podido comprobar que la Luna no queda completamente negra y oscura (cosa que pasa en un eclipse solar), sino que queda en una penumbra rojiza, la Luna se ruboriza. Esto es debido a la refracción de los rayos del Sol al pasar por las capas altas de la atmósfera.

Eclipse de Luna total o la Luna ruborizada. Foto: Johannes Schedler.

Los Pilares de la Creación

A pesar del rimbombante nombre que le dieron (un buen nombre siempre vende más) los susodichos pilares no dejan de ser un paritorio estelar de los muchos que abundan en el espacio. Pero esta vez el nombre estaba a la altura de la foto, una espectacular panorámica de unos pilares de gas (hidrógeno) y polvo en el interior de los cuales se están cociendo nuevas estrellas. Situados en la conocida nebulosa del Águila (M16) es una de las más famosas fotos tomadas por el telescopio Hubble. Es muy probable que el Sol surgiera de una estructura parecida a estos Pilares de la Creación.

Los Pilares de la Creación. Foto: Telescopio Hubble.

La Cruz de Einstein

Para acabar nos tenemos que fijar en la punta del campanario del cuadro de Van Gogh donde podemos ver una especie de cruz, la Cruz de Einstein.

La Cruz de Einstein

Einstein en su Teoría de la Relatividad pronosticó que la luz al pasar cerca de una gran masa (una estrella o una galaxia, por ejemplo) se podía desviar debido al campo gravitatorio que generaba la gran masa. Uno de los efectos que generaba este desvío de la luz al pasar cerca de una enorme masa es lo que se conoce como lente gravitacional.

Y si alineamos perfectamente con la Tierra una galaxia y un lejano cuásar? Pues una lente gravitacional como la copa de un pino. La luz del cuásar al pasar por el centro de la galaxia (la gran masa) con la que está alineado, se “desdobla” en cuatro haces y al llegar a la Tierra vemos cuatro cuásares: la Cruz de Einstein!

Einstein dijo una vez que la música de Mozart “era tan pura, que parecía haber existido en el universo desde siempre, esperando a ser descubierta por su dueño”. No se hable más, Mozart para los habituales minutos musicales, hoy el Segundo Movimiento (Adagio) del Concierto para Clarinete y Orquesta en La Mayor KV 622. Dirige Claudio Abbado y Alessandro Carbonare al clarinete.

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LO NUNCA VISTO (Y MENOS, FOTOGRAFIADO)

La foto de hoy es quizá la menos espectacular y estética de las catorce pero lo fotografiado es único  y quizá irrepetible, de ahí que ocupe un puesto tan alto en la clasificación ya que está en sexta posición.

X

Muy bien, dirán, y esto qué es? Pues los restos de una colisión entre dos asteroides. Si ya es raro poder fotografiar la colisión de algún asteroide o cometa con un planeta, tal como ocurrió en 1994 con el choque del cometa Shoemaker-Levy 9 con Júpiter, que choquen dos asteroides (y se fotografíe el resultado) es de aplauso y ovación. Eso sí, el choque se produjo en el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter y se sospecha que no debe ser raro, lo que es raro es poder fotografiarlo!

El telescopio LINEAR es quizá el telescopio más útil para la humanidad ya que su función es la de escrutar noche tras noche los cielos para detectar asteroides, cometas y otros NEO (Near-Earth Objects) que puedan representar un peligro para nuestra integridad. A finales de 2007 había descubierto más de 225.957 asteroides, 2.019 NEOs y 236 cometas!

En enero de 2010 el telescopio LINEAR rastreando el cielo detectó un extraño cometa y se decidió apuntar a él con el Hubble. Lo que se vio no correspondía a un cometa sino a lo que parecía el choque de dos asteroides. El más  grande, o lo que queda de él, es el punto blanco que ocupa un extremo de la X mientras que el otro, más pequeño, se desintegró y con la presión de la luz del Sol, nos obsequió con una estupenda cola. El otro palo de la X que se ve podría ser un trozo más grande de asteroide que se fue desintegrando poco a poco.

Foto: NASA, ESA, D. Jewitt (UCLA)

Y mañana: M51, una buena madre.

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LUTECIA BIEN VALE UNA ROSETTA

“París bien vale una moza” se titulaba una “mítica” película de Alfredo Landa. Pues bien, si en la anterior entrada parafraseaba a Shakespeare en “Enrique III” hoy parafrasearé (menudo verbo!) el título de la película de Landa (el nivel baja, lo sé): Lutecia (antiguo nombre de París y nombre con el que se bautizó al asteroide que nos ocupa hoy) bien vale una Rosetta (sonda de la ESA para estudiar asteroides y cometas):

El asteroide 21Lutetia fotografiado por la sonda Rosetta

La sonda Rosetta fue lanzada en 2004 con el objetivo de interceptar al cometa Churyumov-Gerasimenko en 2014 e intentar que el módulo de aterrizaje Philae consiga ponerse en él. Pero mientras tanto no llega el cometa se ha aprovechado para el estudio de varios asteroides que se han cruzado en su camino, uno de ellos el Lutecia, o 21Lutetia, su nombre oficial.

El asteroide en cuestión tiene unas dimensiones de 132x101x76 kilómetros y fue descubierto por Hermann Goldschmidt un 15 de noviembre de 1852 desde París (de ahí su nombre), cuando todavía se podía ver sin dificultades el cielo nocturno desde las grandes ciudades.

La sonda Rosetta sobrevoló el asteroide a sólo 3.152 kilómetros, de ahí que se vean perfectamente sus detalles de superficie llena de cráteres de impacto. No hay cuerpo en el Sistema Solar que se libre de algún impacto! No hace falta decir que por sus dimensiones si algún día se cruzara con la trayectoria de la Tierra ya nos podríamos ir despidiendo.

Foto: ESA, Rosetta

Mañana: una más de asteroides, esta vez colisionando